Hace poco estaba conversando sobre el duelo con una amiga; de esas que llegan a tu vida con propósito y por las que agradeces su llegada. Todos hemos pasado por algún tipo de duelo. El duelo no siempre es muerte… también se vive cuando perdemos una amistad que pensábamos que sería para toda la vida, una relación de pareja, un sueño, un plan, o cuando un hijo o hija llega de una manera distinta a como la habíamos imaginado. También cuando enfrentamos una enfermedad, un cambio inesperado o un cierre necesario. Hay muchos tipos de duelo que no se limitan a la muerte, aunque a veces duelan igual o incluso más.
En terapia aprendí que las personas no pueden dar lo que no tienen. Muchas veces tenemos expectativas que no se cumplen simplemente porque no podemos pretender que otros sean como queremos que sean. Cada persona da desde lo que tiene en su corazón. Como dice la Palabra: “De la abundancia del corazón habla la boca.”
A veces nos recostamos en decir: “ay, fulano me hizo esto, mengano aquello”, y en realidad muchas de esas heridas nacen porque no pusimos límites. Y poner límites no es fácil; requiere valor, claridad y mucho amor propio.
Cuando empiezas a amarte de verdad, se hace más sencillo decidir qué no quieres en tu vida. Ese también es un tipo de duelo: dejar ir. Y con él llegan dolor, vacíos, frustración… pero también muchísimo aprendizaje. A veces nos preguntamos: “¿Por qué tengo que pasar por esto?” Yo aún no tengo todas las respuestas, pero sí sé que Dios tiene un propósito. Nos toca confiar. Sus planes siempre son para bien.
En esta época, piensa en esa persona que está atravesando un duelo. Acompáñala. Respeta su proceso. Y si tú eres quien está viviendo ese duelo, valora profundamente a quienes están ahí para ti. Todos cargamos batallas, no seamos egoístos: agradece a quien te acompaña en tu dolor, aun cuando también está lidiando con el suyo.
Como siempre digo, la vida es muy cortita para vivirla amargados, con rencor o aferrados a sentimientos que no nos dejan en paz. Mi vida no es perfecta, pero sí tengo claro que quiero vivirla en paz, aun en medio de la tormenta.
Atrévete a poner límites. A expresar lo que sientes. A vivir tu duelo a tu ritmo. A sacar de tu vida todo aquello que te robe la paz.
Me prometí escribir más, y a través de este blog quiero llegar a personas que se identifiquen y compartir historias que nos recuerden que no estamos solos.
A veces la vida misma nos ajusta el lente.
Nos mueve, nos sacude, nos detiene… y de momento aquello que dolía se ve distinto, aquello que pesaba se siente más liviano.
No es que la situación cambie: es que nuestros ojos, nuestro corazón y nuestra madurez comienzan a mirar desde otro ángulo.
Con amor,
Irmaris





